AUTOGNOSIS II: continuación.

Continuando con nuestra anterior publicación sobre la autognosis, nos proponemos concluir que la misma tiene varias dimensiones: es un cuerpo de conocimiento que un individuo desarrolla con respecto a su Self y su intersubjetividad. Incluye los métodos y procesos a través de los cuales se adquiere dicho conocimiento, así como los métodos por los que pueden aplicarse para aumentar el crecimiento personal y solucionar problemas profesionales.
La visión global que se tiene de sí mismo nos ayuda a comprender nuestras propias reacciones tanto en la consulta como fuera de ella, de forma que podamos aplicar esos descubrimientos de forma honesta en la relación interpersonal.
Debemos precisar que la autognosis no merita ninguna afiliación profesional a escuela psicológica alguna. No depende de la asociación libre, pero puede hacer uso de ella. Incluso no depende del concepto de dinámica inconsciente, aunque en nuestra experiencia tal concepto es de gran utilidad en el repertorio de nuestra propia visión interna.
La autognosis comprende la observación y el desarrollo de un grupo de procedimientos para incrementar la propia comprensión de forma constructiva. Es un espectro de actividades internas. la contratransferencia sería un segmento de ese espectro y el autoanálisis otro. En la autognosis debemos aprender a reconocer nuestras respuestas y buscar formas de clasificarlas de forma que podamos aplicárnoslas de forma más útil.
Estas aplicaciones están dirigidas no solo a prevenir el daño a nosotros mismos sino a los pacientes en el encuadre de la consulta, así como a aumentar nuestras fuerzas y vitalidad emocional frente a las situaciones complejas de la consulta.
Resulta artificial intentar separar lo profesional de lo personal. Cuando algún paciente nos pregunta algún elemento personal, cosa por otra parte absolutamente natural, la expresión de una buena autognosis nos permite a la par que investigar las intenciones reales subyacentes de dicha solicitud, actuar con naturalidad y honestidad, ya que nuestra visión interna es coherente con nuestra visión profesional.
Quizás la clave esté en percibir al paciente como alguien para quien uno es de importancia y recurre a nosotros para que seamos honestos.
Finalmente, el sólo hecho de la reflexión es probablemente la herramienta más útil en la aplicación de al autognosis y consideramos que al menos de forma regular, podamos permitirnos un espacio para pensar en nosotros: cómo estamos, cómo nos va, qué hemos hecho ese día en particular, cuántos de nuestros objetivos hemos cumplido y por qué no, etc.
Una visión íntegra de nuestro Self nos permite llegar a espacios que habitualmente se encuentran inaccesibles a la consciencia y que en muchas ocasiones influyen en nuestra percepción del mundo y en los pacientes.

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