La integración en Psicoterapia: Principios de la psicoterapia integradora.


LA RELACIÓN TERAPÉUTICA
Una Psicoterapia Integradora en Acción.

Richard G. Erskine . Ph. D
Extraído de Integrative Psychotherapy

El término integrativo tal  como se utiliza aquí, en esta aproximación a la Psicoterapia Integrativa posee un variado número de significaciones. En primer lugar se refiere al proceso de integrar la personalidad (lo cual incluye, ayudar a los clientes a hacerse conscientes y asimilar los contenidos fijados y fragmentados de los Estados del Yo en un Ego neopsíquico integrado) , a fin de desarrollar un sentido de sí mismo que disminuya la necesidad de mecanismos de defensa, y de un guión vital defensivo permitiendo reorganizar así mismo el mundo y las relaciones con un contacto pleno. Vemos aquí el proceso de “creación” de un todo: tomando aspectos sin resolver, inconscientes y negados del ego y convirtiéndolos en parte de un self cohesionado (Erskine & Trautmann, 1993)

El término integrativo también se refiere a la integración de la teoría: unificando lo afectivo, cognitivo, fisiológico y  comportamental ; así como sus respectivos sistemas de tratamiento en la Psicoterapia. Un punto central de la Psicoterapia Integrativa es la estimación sobre cuál de estos aspectos –el afectivo, cognitivo, fisiológico y conductual – está abierto o cerrado al contacto (interna y externamente) para aplicar métodos que lo mejoren  (Erskine, 1975; 1980; 1982 a). El concepto de contacto interno y externo es utilizado dentro de una perspectiva de desarrollo humano evolutivo en el cual cada fase de la vida presenta tareas específicas de desarrollo, sensibilidades únicas en la relación con , las otras personas y oportunidades especiales para nuevos aprendizajes. El término Psicoterapia Integrativa, tal y como aparece utilizado en este artículo incluye los dos significados explicados anteriormente.

La Psicoterapia Integrativa toma en cuenta muchos puntos de vista sobre el funcionamiento humano: Terapia Familiar, Psicodinámica, Centrada en el Cliente y Conductista, Terapia Gestalt, Psicoterapia Corporal con influencias Reichianas, Teorías  de la Relación Objetal y Teoría Psicoanalítica del Self , como elementos adicionales al Análisis Transaccional. Cada una de ellas proporciona una explicación válida de la función psicológica y del comportamiento, y cada una se ve completada cuando está integrada de forma selectiva con las otras (Erskine & Moursund, 1988).

CONTACTO Y RELACIÓN

Una de las premisas más importantes de la Psicoterapia Integrativa es el hecho de que el Imperativo Biológico hace imprescindible la relación, constituyendo así una experiencia primaria y motivadora del comportamiento humano, de forma que el contacto y la conducta humana son los medios a través de los cuales dicho imperativo biológico o necesidad primaria se ve satisfecho. Nosotros hacemos un especial énfasis en la importancia del concepto de contacto, definido por la terapia Gestalt en la utilización del abanico de modalidades que acabamos de mencionar (Perls, Hefferline & Goodman, 1951). El contacto se produce de forma interna y externa: esto implica la plena consciencia de las sensaciones, sentimientos, necesidades, actividad sensoriomotriz, pensamientos y recuerdos que tienen lugar dentro del individuo y una toma de consciencia plena de los hechos externos tal y como son registrados por cada uno de los órganos sensoriales. Con el contacto interno y externo las experiencias se integran continuamente, sin embargo, cuando se interrumpe el contacto las necesidades no quedan satisfechas. Si se experimenta que la necesidad suscitada no queda satisfecha ni se cierra de forma natural, ésta debe encontrar un cierre artificial que resuelva el malestar producido por la insatisfacción de la necesidad. Estos cierres artificiales constituyen la base de las reacciones de supervivencia y de las decisiones de “guión” defensivo que pueden llegar a convertirse en fijaciones. Esto se hace evidente en el rechazo de los afectos en los modelos de comportamiento habituales, en las inhibiciones neurológicas dentro del cuerpo y en las creencias que limitan la espontaneidad y la flexibilidad en el ámbito de la resolución de problemas así como en las relaciones con otras personas. Cada interrupción defensiva al contacto impide la toma de consciencia. (Erskine, 1980; Erskine & Trautmann 1993).

El contacto se refiere también a la calidad de las transacciones y la comunicación entre dos personas: la conciencia del propio yo y el otro, un encuentro sensitivo con el otro y tambien una auténtica aceptación de sí mismo (Erskine, Moursound & Trautmann, 1999)

La Psicoterapia Integrativa interrelaciona constructos procedentes de muchas escuelas teóricas. Para que una teoría sea integrativa, como oposición al hecho de ser meramente ecléctica, debe también separar aquellos conceptos e ideas que no sean teóricamente consistentes para conformar un núcleo coherente de constructos que den información y guíen el proceso psicoterapéutico. Una revisión bibliográfica en psicología y  psicoterapia revela que el concepto único y más consistente es el de la relación (Erskine  1989). Desde el concepto de una teoría del contacto, elaborada por Laura y Frederick Perls (Perls 1944; Perls, Hefferline & Goodman, 1951) hasta la de Rogers (1951) basada en una terapia centrada en el cliente. Desde los supuestos de Fairbairn (1952), donde se asevera que las personas están en la búsqueda de relaciones desde el principio de su vida y en todo el transcurso de la misma, hasta el énfasis dado por Sullivan (1953) al contacto interpersonal. También las teorías de las relaciones de Winnicot (9165) y Guntrip (1971) y sus correspondientes aplicaciones clínicas, así como Berne (1961, 1972) con sus teorías de los Estados del Ego y del Guión de Vida, Kohut (1971, 1977) y las aplicaciones de sus seguidores sobre la “pregunta empática sostenida” (Stolorow, Brandschaft y Atwood, 1987, p. 10 ), las teorías de las relaciones desarrolladas por el Centro Stone (Surrey 1985; Miller, 1986, Bergman, 1991) y Buber (1923-1958 ) con su filosofía de las relaciones I- Thou. A lo largo de todo este recorrido nos hemos encontrado con una sucesión de escritores, profesores y terapeutas que han puesto un gran énfasis en la relación –tanto en las etapas tempranas de la vida como en la vida adulta– aseverando que son la fuente de significado y validación de sí mismo, del self.

La literatura sobre el desarrollo humano también nos lleva a la comprensión de que el sentido de uno mismo y la autoestima emergen a partir del contacto en la relación. Partiendo del fundamento teórico del contacto en las relaciones, y unido al concepto de los Estados del Ego definido por Berne (1961) (específicamente centrado en las fijaciones del Estado Niño del Yo) (Erskine, 1987, 1988; Trautmann & Erskine, 1981), vemos que la relación se convierte en un punto focal del desarrollo sano del niño. Los trabajos de Stern (1985, 1995) y Bowlby (1969, 1973, 1980) ejercen una gran influencia en el momento actual en la conformación de una perspectiva integrativa, en gran parte debido a su énfasis en la vinculación temprana y la necesidad natural de relaciones, necesidad que está presente de por vida. Bowlby pone el énfasis en el significado del vínculo, tanto temprano, como en la importancia de que este se prolongue físicamente para la creación de un núcleo visceral a partir del cual emergen las experiencias relacionadas con uno mismo y con los otros. Cuando dicho contacto no tiene lugar de acuerdo con las necesidades relacionales  del niño, se produce una defensa fisiológica contra la pérdida de contacto (Fraiberg, 1982)

La Psicoterapia Integrativa hace uso de muchas perspectivas del funcionamiento humano, pero siempre desde el punto de vista de que la relación entre cliente y terapeuta es crucial. El concepto del contacto en las relaciones, de Estados del Yo y de la función intrapsíquica, transferencia y transacciones, necesidades relacionales y reciprocidad afectiva, funciones objetales del self, procesos de desarrollo evolutivo y guión de vida son centrales en nuestra teoría Integrativa.

El self del psicoterapeuta es utilizado para ayudar en el proceso de desarrollo del cliente para integrar las necesidades de contacto y para la  satisfacción de necesidades relacionales (Erskine, 1982). El proceso denominado “sintonizar” presenta una importancia crucial en ello, implica no sólo poner el foco en los pensamientos, sentimientos, comportamientos o sensaciones físicas, sino también en lo que Stern (1985) denominó “afectos vitales” (p. 156). Tenemos como objetivo el crear una experiencia ininterrumpida de conexión y sentimiento. El sentido de sí mismo del cliente y el sentido que desarrolla sobre la relación parece ser crucial para el proceso de integración y plenitud, especialmente cuando han existido traumas específicos fragmentadores del yo en la vida del cliente o cuando han sido repudiados y negados ciertos aspectos de uno mismo, debido a la acumulación de fracasos en la relación (Erskine 1991ª, 1993, 1994).

La premisa central que subyace en la práctica de la Psicoterapia Integrativa es que la integración puede tener lugar mediante una variación de modalidades –afectiva, conductual, cognitiva y fisiológica- (Erskine 1875, 1980), pero resulta más efectiva cuando existe una relación respetuosa, de pleno contacto interpersonal y terapéutico (Erskine, 1982ª). El inquirir, la sintonía y la implicación son un “paquete” , un conjunto de métodos que facilitan el contacto y orientan la relación. Publicaciones previas definieron y describieron los métodos de investigación, sintonía e implicación (Erskine & Trautman, 1993) y aplicaron estos métodos al  tratamiento de disociación (Erskine, 1991 a, 1993), de la  vergüenza y de la autosuficiencia como defensa de la necesidad (Erskine, 1994) y demostraron la aplicación a través de transcripciones de terapia reales (Erskine, 1982 b; 1991 b; Erskine, Moursound & Trautmann , 1999). A continuación exponemos las líneas generales de algunos de los métodos que promueven el contacto en las relaciones.

INVESTIGACIÓN

En la investigación la pregunta se inicia con la premisa de que el terapeuta no conoce nada acerca de la experiencia del cliente y por lo tanto debe esforzarse continuamente por entender el  significado subjetivo del comportamiento del cliente y sus procesos intrapsíquicos. El proceso de investigación implica que el terapeuta ha de estar abierto al descubrimiento de la perspectiva del cliente, mientras que el cliente descubre de manera simultánea su propio sentido de sí mismo con cada una de las preguntas o aseveraciones formuladas por el terapeuta para completar la toma de conciencia. A través de una exploración respetuosa de la experiencia fenomenológica del cliente, éste empieza a ser consciente tanto de las necesidades  relacionales arcaicas como de las actuales, así como de sus sentimientos y comportamientos. Pueden pasar a un plano consciente los afectos, los pensamientos, las fantasías y las creencias de guión defensivo, los movimientos corporales o tensiones, esperanzas y recuerdos que habían quedado fuera de la conciencia por falta de diálogo o por represión. Con la progresiva toma de conciencia promovida al indagar y la no activación de defensas internas, las necesidades y sentimientos que pueden haber sido fijados y no resueltos debido a experiencias pasadas son integrados internamente en sí mismo, con un contacto mas pleno.

Se debe destacar que el  propio proceso de preguntar es tan importante en sí mismo como el contenido. La pregunta que efectúe el terapeuta ha de ser empática con la experiencia subjetiva del cliente para que sea efectiva y pueda descubrir y revelar los fenómenos internos y revelar las interrupciones internas y externas en el contacto.

Este tipo de investigación requiere un interés genuino en la experiencia subjetiva del cliente y en la construcción de significados. Se procede con preguntas acerca de qué es lo que siente el cliente, cómo percibe él o ella su propio ser y a los otros (incluyendo al psicoterapeuta) y qué significados y conclusiones extraen. Con un interrogatorio sensible nuestra experiencia es que los clientes revelarán fantasías reprimidas anteriormente y dinámicas intrapsíquicas que escapan a la consciencia. Esto proporciona tanto al cliente como al terapeuta un entendimiento cada vez mayor de quién es el cliente, las experiencias que ha tenido y cuándo y cómo interrumpe el contacto.

La pregunta terapéutica acerca de los miedos del cliente, sus anticipaciones y expectativas revelan a menudo la transferencia de experiencias históricas, defensas arcaicas y rupturas en las relaciones pasadas que irrumpen en la vida actual, incluyendo la relación establecida en la terapia. La transferencia dentro de esta perspectiva integrativa puede verse como:

1.                   Los medios mediante los cuales el cliente puede describir su pasado, las necesidades evolutivas que han sido frustradas y las defensas que fueron creadas para compensar esto.

2.                   La resistencia ante el recuerdo y, paradójicamente, una activación inconsciente de las experiencias de la niñez (la relación repetida).

3.                   La expresión de un conflicto intrapsíquico y el deseo de lograr la satisfacción de necesidades relacionales y la intimidad en las relaciones (la relación terapéuticamente necesitada).

4.                   La expresión de una necesidad  psicologica universal que busca la organización de la experiencia y la creación de  significados.

El punto de vista integrativo sobre la transferencia proporciona las bases para una mejora continua de la comunicacion inherente a la transferencia, tanto de las relaciones repetidas como de las necesitadas (Stern 1994), así como un reconocimiento y un respeto ante el hecho de que las transacciones pueden no ser transferenciales y pueden tener que ver únicamente con el aquí y ahora de la relación entre terapeuta y cliente (Erskine, 1991 c).

La investigación puede incluir una exploración de conflictos intrapsíquicos y de las activaciones inconscientes de las  experiencias de la niñez, y  continuar con preguntas históricas referidas al momento en que tuvo lugar una experiencia y la naturaleza de las relaciones significativas en la vida de la persona. Mediante la investigación exploramos el guión defensivo del cliente, los comportamientos relacionados, fantasías y experiencias de refuerzo (Erskine & Zalcman, 1979). De acuerdo con el bienestar del cliente procedemos a integrar experimentos de terapia Gestalt, contratos de cambio de conductual, Psicoterapia corporal, tratamiento de la interjección o las regresiones evolutivas (Erskine & Moursound, 1988). A través de una combinación de estas técnicas para potenciar la auto conciencia y mediante una investigación respetuosa, las

experiencias que fueron necesariamente excluidas de la conciencia en el pasado, pueden ser recordadas de nuevo  dentro del contexto de una relación terapéutica implicada. Con los recuerdos, fantasías o sueños irrumpiendo en la conciencia la investigación del terapeuta puede volverse hacia la experiencia fenomenológica del cliente o  encaminarse a  las estrategias del cliente para afrontarlo, es decir, a una investigación sobre las interrupciones defensivas al establecer contacto, tanto internas como externas.

A medida que exploramos los procesos defensivos hacemos uso de las interrupciones observables y externas del contacto como indicaciones de la interrupción del contacto intrapsíquico.Las  interrupciones  del contacto defensivas fijadas de modo arcaico para contactar –por ejemplo, introyecciones y núcleos fijados o creencias de guión– interfieren con la satisfacción de las necesidades relacionales  del hoy y emergen transferencialmente en la relación terapéutica.

El ser vulnerable implica ser consciente en un grado elevado de las  necesidades en el ámbito de las relaciones y estar abierto, sin defensas, a la respuesta de los otros ante esas necesidades. Indagar sobre la vulnerabilidad (tanto fuera como dentro de las relacion terapéutica) revela las necesidades relacionales y los efectos dentro del cliente, tanto de la satisfacción como de la insatisfacción de dichas necesidades. El foco del diálogo terapéutico puede entonces estructurar el ciclo de los niveles de experiencia fenomenológicos, transferenciales o defensivos. El proceso de investigaciónr no es lineal, sino que se mueve en sintonía con la progresiva conciencia del cliente interna y de sí mismo dentro de una relación.

El objetivo de la investigación terapéutica es que el cliente y el terapeuta descubran y distingan juntos las funciones de procesos intrapsíquicos y dinámicas defensivas. Cada dinámica defensiva puede tener funciones intrapsíquicas únicas, tales como la identidad, la estabilidad, la continuidad y la capacidad de predicción, lo cual requiere un énfasis específico en Psicoterapia. Nuestra tesis es que la sintonía y la implicación permiten al cliente efectuar de forma efectiva la transferencia de estas funciones intrapsíquicas a la relación con el terapeuta. Lo expuesto a continuación se referirá a las clasificaciones mostradas en la

Es esencial que el terapeuta entienda la necesidad única de cada cliente con respecto a obtener de otra persona estabilización, validación y reparación ; alguien que aborde alguna de las funciones relaciónales que el cliente intenta manejar a solas. Una terapia de relación orientada al contacto requiere que el terapeuta esté en sintonía con estas necesidades relacionales y esté implicado, a través de una validación empática de los sentimientos y necesidades, proporcionando seguridad y apoyo.

Una investigación plena de contacto acerca de la experiencia fenomenológica del cliente completa el sentido de sí mismo, mediante el hecho de facilitar su propia toma de conciencia sobre  la existencia de sentimientos, fantasías, sensaciones internas y procesos de pensamiento; así como la conciencia sobre la existencia de interrupciones en el establecimiento del contacto. Preguntar al cliente sin humillaciones, dentro de la dinámica transferencial, revela el significado de las interrupciones externas e internas en el establecimiento del contacto, y revela cómo organiza la persona la experiencia y su significado de la repetición en las relaciónes  y así como el significado de la relación necesitada terapéuticamente . La relación necesitada constituye la llamada del cliente para que se establezca una implicación recíproca por parte de un “otro” esencial que pueda responder a necesidades relacionales. Investigaciones respetuosas acerca del proceso defensivo del cliente –los medios de que él o ella se sirven para afrontar situaciones– pone de manifiesto la integridad del cliente y su estilo único de resolver las rupturas en las relaciones. El nivel de investigación proporciona también al cliente conciencia de otras vías para afrontar rupturas en las relaciones y nuevas posibilidades para resolver conflictos interpersonales. Preguntar de forma  sensible acerca de las vulnerabilidades del cliente y su combinación única de necesidades relacionales aumenta la valoración que éste tiene de sí mismo. En presencia de un terapeuta sintónico, implicado y consciente que puede responder a esas necesidades relacionales, el cliente tendrá un sentido más claro y fuerte de sí mismo y de él implicado en una relación. El bienestar psicológico se completa mediante un contacto interpersonal e intrapsíquico pleno.

SINTONIZAR

La  sintonía es un proceso que consta de dos partes:

-Se inicia con empatia: es decir "siendo sensitivo con " e identificándose con las sensaciones, necesidades o sentimientos de la otra persona.

-Y la comunicación de esta sensibilidad a la otra persona.

Mas que solamente un entendimiento o la introspección vicaria, sintonía es un sentir al otro kinestésica y emocionalmente. Conociendo su ritmo, afectos y  experiencias, estando metafóricamente en su piel, yendo así más allá de la empatía a proveer de una respuesta que "resuene" significativa y/o un afecto recíproco.

Sintonía es mas que empatía: Es el proceso de comunión y unidad de contacto interpersonal.

La sintonía efectiva requiere tambien que el terapeuta simultaneamente mantenga la conciencia de los límites entre cliente y terapeuta, tanto como de su propio proceso interno. La sintonía es facilitada por la capacidad del terapeuta para anticipar y observar el efecto de su conducta en el cliente y para descentrarlo de su propia experiencia hacia el foco más extenso del proceso del cliente.

La comunicación  de la sintonía valída, las necesidades y sentimientos del cliente y pone los cimientos para la reparación de los fracasos en  relaciones anteriores. La Sintonía es transmitida no solo por lo que el terapeuta dice, sino tambien por movimientos faciales o corporales que señalan al cliente que sus afectos y necesidades son percibidas, son significativas y que "hacen impacto" en el terapeuta.

La sintonía se experimenta a menudo por parte del cliente cuando el terapeuta se desliza suavemente a través de las defensas que han impedido la toma de conciencia de los fracasos en las relaciones así como  las necesidades y sentimientos relacionados. La sintonía facilita el contacto con partes de Estado-Niño del Yo olvidadas hace tiempo. Con el transcurso del tiempo esto produce en una disminución de las interrupciones internas para contactar, con la correspondiente disolución de defensas externas. Las necesidades y los sentimientos pueden ser expresados progresivamente con tranquilidad y  la garantía de que recibirán una respuesta empática e interesada. Frecuentemente el proceso de sintonía da un sentido de seguridad y estabilidad que  permite al cliente empezar a recordar y soportar la regresión hacia experiencias de la niñez que pueden comportar una conciencia más plena del sufrimiento de pasados traumas, fracasos en las relaciones y pérdida de aspectos del yo. El proceso de sintonía puede ser clasificado en categorías de acuerdo a la resonancia y reciprocidad requeridas para la relación en contacto. Esta sintonía puede tener lugar en relación con el ritmo,  la naturaleza del afecto, el desarrollo evolutivo  y/ laso necesidades relacionales.

La sintonía rítmica es el ajuste del proceso de la investigación terapéutica y la implicación, con el tempo y la cadencia que mejor facilite el procesamiento por parte del cliente de la información externa e interna , sobre las sensaciones, sentimientos y pensamientos. A través de nuestra experiencia sobre el procesamiento mental del afecto vemos que a menudo tiene lugar a un nivel diferente del procesamiento cognitivo. En la presencia del afecto intenso el uso de la percepción o cognición puede ser mas lento que cuando el afecto no es intenso. Por ejemplo, los componentes afectivos implicados en la vergüenza provocan a menudo que el procesamiento de información y la organización de la conducta tengan lugar con una proporción disminuida. La vergüenza es un proceso complejo que implica :-el rechazo y la retroflexión de la ira, -la tristeza de no ser aceptado tal cual uno es, -el miedo al rechazo debido a  ser quien uno es  y la aceptación o el someterse a la humillación de una relación interumpida (Erskine, 1994). Las reacciones afectivas, de percepción, cognitivas, de comportamiento y fisiológicas tienen lugar a ritmos diferentes a los que tendrían lugar en ausencia de la  vergüenza.

Algunos clientes son rápidamente conscientes de sus sensaciones viscerales y kinestésicas mientras que otros las procesan más lentamente. Las interrupciones internas del contacto o cualquiera de las defensas psicológicas utilizadas, tales como la desensibilización, el rechazo, la negación o las disociaciones; interrumpen el ritmo natural del procesamiento de sensaciones físicas, afectos, percepciones y pensamientos.

La sintonía afectiva se refiere a una persona  sintiendo el/los afecto(s) del  otro, y respondiendo con un afecto recíproco. Esto comienza con la valoración del afecto de la otra persona como una forma extraordinariamente importante de comunicación humana, estando disponible para ser activado afectivamente por el otro, y respondiendo con afecto resonante.

“El afecto es transaccional y relacional en su propia naturaleza, requiriendo en correspondencia un afecto en resonancia” (Erskine, 1994, p. 99). La resonancia del afecto de una persona con respecto a otra proporciona un contacto afectivo que es esencial en las relaciones humanas. De forma simbólica, la sintonía afectiva puede ser retratada como el "yin" de una persona con respecto del "yan" de otra, así ambos forman una unidad. La sintonía afectiva es la resonancia con el afecto del otro, que proporciona un contacto interpersonal no verbal -una unidad en la relación-.

Cuando un cliente siente tristeza, el afecto recíproco de compasión del terapeuta y sus actos de compasión completan el contacto interpersonal. De forma análoga, la ira requiere los afectos recíprocos relacionados con la atención, seriedad y responsabilidad, y con posibles actos de corrección. El cliente que tiene miedo precisa que el terapeuta responda con afecto y una acción que transmita seguridad y protección. Cuando el cliente expresa alegría, la respuesta por parte del terapeuta que completa la unidad de contacto es el afecto recíproco de vitalidad y expresión de placer.

La sintonía afectiva implica comunicación no verbal por parte del terapeuta que acepta,  reconoce, valida y normaliza el afecto del cliente. La presencia afectiva del terapeuta comunica que el afecto tiene una función importante en la relación  y por lo tanto valora al cliente  - una comunicación de consideración positiva incondicional o “Tú estás bien conmigo”.

La sintonía evolutiva . Sintonizar a nivel de desarrollo evolutivo de funcionamiento psicológico y organización de la  experiencia  del cliente es esencial en una Psicoterapia centrada en las relaciones y orientada al contacto. El propósito de este enfoque hacia el desarrollo evolutivo  es responder al cliente al mismo nivel de edad en el que existía una falta de contacto en la relación, donde tenían lugar fijaciones en el sistema de representación de si mismo, de los otros y de la cualidad de las creencias sobre sí, creencias sobre otros y creencias sobre la vida. Las creencias de guión y las defensas arcaicas relacionadas representan los intentos de una joven  persona para afrontar situaciones de la vida.

Para establecer sintonía con las necesidades evolutivas del  cliente, el terapeuta escucha con un  “tercer oído” u observa con un “tercer ojo” las palabras y los comportamientos del cliente en el momento, para sentir cual puede ser la comunicación del niño. Basándose a menudo en la edad en la que un trauma específico tuvo lugar o cuando se tomó una decisión de guión o una reacción de supervivencia, el terapeuta empieza a desarrollar una sensibilidad para los estados del Niño del Yo tal y como estos se manifiestan de forma inconsciente en transacciones actuales (Berne, 1961). El tener una sensación de este niño y sus necesidades, sus retos de desarrollo, formas de pensar u organizar vulnerabilidades únicas y necesidades  relacionales; guía al terapeuta para encontrar la forma en que puede realizar la pregunta, interpretar o interactuar con el cliente.

Como ejemplo, en respuesta a un cliente que estaba expresando frustración por su inadecuación para encontrar maneras de hablar acerca de sus sentimientos, el terapeuta comentó que el aprender a utilizar un mensaje aporta al niño dos experiencias muy diferente: por una parte, las palabras permiten un incremento de la comunicación y del entendimiento, lo cual  es gratificante y fomenta la cercanía .Por otra, cuando el niño experimenta que las palabras no comunican de forma adecuada los sentimientos o experiencias, hay una sensación más grande de separación y a veces de soledad (Stern, 1985). Las lagrimas en los ojos del cliente comunicaron que el terapeuta había entendido su frustración de evolutiva y por lo menos un aspecto significativo de las dificultades que había tenido toda su vida con las relaciones -esa experiencia muda de soledad-.

La sintonía con el nivel de desarrollo resulta más fácil cuando el cliente entra en un estado regresivo o es capaz de describir las experiencias de su estado del Niño del Yo. Una experiencia más sutil y en ocasiones más poderosa, tiene lugar cuando el terapeuta sintoniza con las necesidades evolutivas del cliente, nivel de funcionamiento y experiencias de la infancia, mientras que el cliente no tiene conciencia alguna de ellas. Por ejemplo, con un cliente que creció intentando con ansiedad complacer a sus padres separados y que utilizaba una comprobación compulsiva para evitar su ansiedad, parecía importante para la terapia no prestar atención a su consistente tardanza hasta que él fuera capaz de expresar su ira ante sus padres. Hacia el final de la terapia él habló acerca de lo significativo que era el que el terapeuta nunca abordara su tardanza, haciendo de su terapia un lugar de seguridad en donde él podía estar libre de compulsiones.

Al estar en sintonía con el nivel arcaico de funcionamiento de una persona y colocarlo directamente en el contexto de la relación terapéutica, el terapeuta hace posible  que formas fijadas de ser y de relacionarse sean integradas en un todo más dinámico.

NECESIDADES RELACIONALES

El proceso de sintonía también incluye dar respuesta a las necesidades relacionales que emergen en la relación terapéutica. Las necesidades relacionales son las necesidades inherentes al contacto interpersonal (Erskine, 1995). No son las necesidades básicas de la vida tales como comida, aire o temperatura  adecuada sino los elementos esenciales que completan la calidad de vida y el sentido de si mismo dentro de una relación. Las necesidades relacionales son partes fundamentales de un deseo humano y universal de relaciones íntimas.

Las necesidades relacionales descritas en este artículo han surgido del  estudio de la transferencia y de una investigación cualitativa sobre  factores cruciales en relaciones significativas dirigidas por el Instituto de Psicoterapia Integrativa de la Universidad de Nueva York. Aunque puede haber un número infinito de necesidades relacionales, las ocho descritas en este artículo representan aquellas que, de acuerdo a mi experiencia, son las que los clientes abordan en la mayoría de las ocasiones cuando hablan acerca del tema. Otras experiencias intersubjetivas entre cliente y terapeuta  pueden revelar un tipo diferente de necesidades relacionales más allá de las ocho aquí descritas, ya que no existen dos terapeutas que produzcan el mismo proceso terapéutico. Algunas de las necesidades relacionales aquí descritas, aparecen así mismo en la bibliografía de la Psicoterapia como necesidades fijadas en la primera infancia, indicadores de psicopatología o de transferencia problemática. Mientras que la tendencia a plantear patologías de la dependencia o de la transferencia sí que existe en la bibliografía de la Psicoterapia, en el contexto del tiempo y en el ámbito teórico, Kohut en los años 1971 y 1977 hizo grandes progresos para conectar la transferencia y las necesidades evolutivas. Kohut distingue necesidades relacionales y evolutivas que han sufrido interrupción o ruptura, la transferencia clásica basada en el modelo de impulsos  psicoanálitico. Aunque él identifica la proyección, el emparejamiento y la idealización como transferencias problemáticas, también las relaciona con necesidades esenciales. De todas formas, sus métodos siguen siendo típicamente psicoanalíticos y no hace un uso pleno de un modelo de Psicoterapia Integrativa orientado hacia las relaciones. Bach (1985), Basch (1988), Stolorow y otros (1987) y Wolf (1988) han ampliado los conceptos de Kohut, cada uno de ellos haciendo énfasis en la importancia de una perspectiva de relaciones en comprender la transferencia. La perspectiva Integrativa de Clark (1991) sobre transacciones empáticas tendió un puente entre los conceptos de transferencia y necesidades relacionales e hizo énfasis en la  terapia de implicación.

Las necesidades relacionales están presentes a lo largo de todo el ciclo vital, desde la más temprana infancia hasta la ancianidad. Aunque ya están presentes en la primera infancia, las necesidades relacionales no sólo son necesidades de la infancia que emergen dentro de una jerarquía evolutiva :son los componentes actuales de la relación que están presentes en cada día de nuestras vidas. Cada necesidad  relacional  puede aparecer a la conciencia y tomar figura en forma de anhelo o en forma de deseo mientras que las otras necesidades quedan de transfondo o incluso quedan fuera de la conciencia Una respuesta satisfactoria a las necesidades relacionales de un individuo por parte de otra persona permiten que disminuya la presión de la necesidad y otra necesidad de relación aparece como un nuevo objeto de  interés o de deseo. A menudo es en la ausencia  de la satisfacción de la necesidad cuando  un individuo se hace más consciente de la presencia de necesidades relacionales. Cuando las necesidades relacionales no quedan satisfechas la necesidad se hace más intensa y se experimenta fenomenológicamente como un anhelo, vacío, una soledad atosigante o un apremio intenso, acompañado a menudo de nerviosismo.La continuada ausencia de satisfacción de las necesidades relacionales puede manifestarse en forma de frustración, agresión o rabia. Cuando las alteraciones en las relaciones son prolongadas la falta de satisfacción de la necesidad se manifiesta como una pérdida de energía o esperanza y se muestra en creencias de guión  tales como: “No le importo a nadie” o "¿Para qué?" (Erskine & Moursound, 1988/1998). Estas creencias de guión son la defensa cognitiva contra la conciencia de necesidades y el sentimiento presente cuando las necesidades no obtienen una respuesta satisfactoria por parte de otra persona (Erskine, 1980)

La satisfacción de las necesidades relacionales requiere la presencia de otra persona con grandes habilidades de contacto, que sea sensible y este sintonizada con las necesidades relacionales y que proporcione una respuesta recíproca a cada necesidad. Las ocho necesidades relacionales que observamos son las siguientes:

1.      Seguridad: La experiencia visceral de tener protegida nuestra vulnerabilidad física y emocional. Implica la experiencia de que nuestra variedad de necesidades y sentimientos son naturales. La seguridad es un sentimiento simultáneo de ser vulnerable y estar en sintonía con el otro. Incluye la ausencia de inquietud o peligro reales y/o anticipados.

La sintonía implica la conciencia empática de la necesidad del otro con respecto a la seguridad dentro de la relación más una respuesta recíproca a esa necesidad. La respuesta necesitada es la provisión de seguridad física y afectiva donde la vulnerabilidad del individuo se ve estimada y preservada. Comunica, a menudo de forma no verbal, “Tus necesidades y sentimientos son normales y aceptables para mí”. La sintonía terapéutica con respecto a las necesidades de seguridad en la relación ha sido descrita por los clientes como “aceptación total y protección”, como una comunicación de “consideración positiva incondicional” o “estoy bien en esta relación”. La sintonía de la necesidad de seguridad implica que el terapeuta sea sensible a la importancia de esta necesidad para conducirle a él o ella, tanto en el campo emocional como en el de conductual, a un camino que le proporcione seguridad en la relación.

2.      Validación, afirmación y significación dentro de una relación: Se refiere a la necesidad de tener a otra persona que valide la significación y la función de nuestros procesos intrapsíquicos de afecto, fantasía y construcción de significado, y que valide nuestras emociones como una comunicación interpersonal e intrapsíquica significativa. Incluye la necesidad de percibir afirmación y aceptación de  todas nuestras necesidades relacionales como algo natural. La reciprocidad afectiva del terapeuta respecto a los sentimientos del cliente valida el afecto del cliente y proporciona la afirmación y la normalización de las necesidades relacionales del cliente.

3.      Aceptación por parte de una persona estable,  dependible y protectora: La necesidad de  admirar y confiar en los padres, adultos, profesores y mentores. La necesidad relacional relativa a la aceptación por parte de otra persona consistente, fiable y de la que se puede depender es la búsqueda de protección y guía que puede manifestarse como la idealización del otro. En Psicoterapia tal idealización supone también la búsqueda de la protección frente al control hallado en las actitudes de otras personas anteriores significativas. Puede también ser la búsqueda de protección hacia la propia escalada del afecto o la exageración de las fantasías.

El terapeuta protege y facilita la integración del afecto al proporcionar una oportunidad para expresarlo, contenerlo y/o entender la función de tales dinámicas. El grado en el cual un individuo observa a alguien y espera que él o ella sea fiable, consistente y que pueda dependerse de esa persona es directamente proporcional a la búsqueda de protección intrapsíquica, expresión de seguridad, contención o introspección beneficiosa. La idealización o la dependencia de alguien no es algo necesariamente patológico tal y como aparece descrito en el popular término psicológico “codependiente”, cuando se malinterpreta como una “transferencia de idealización” (Kohut, 1977) o como el juego de Berne de “Huau, Es Usted Maravilloso, Profesor” (1964). Cuando nos referimos a algunas expresiones de este tipo en clientes que reflejan la necesidad de ser aceptado y protegido como “Una Víctima buscando a un Rescatador”, despreciamos potencialmente o incluso etiquetamos como patológica una necesidad humana esencial de relaciones que proporcionan un sentido de estabilidad, fiabilidad y dependencia.

En psicoterapia la sintonía implica el reconocimiento del terapeuta, a menudo tácito, de la importancia y necesidad de idealización como una solicitud inconsciente de protección intrapsíquica. Tal implicación terapéutica incluye:

-la sensación del cliente con respecto al interés del psicoterapeuta por su el bienestar

- como el uso  del sentido integrado del self del terapeuta como la herramienta terapútica mas efectiva (Erskine, 1982 a). Esta necesidad de relación, de ser aceptado por otra persona estable, protectora y de la que se pueda depender proporciona una razón centrada en el cliente para conducir nuestra vida y nuestra práctica en psicoterapia de manera ética y moral.

4.      Confirmación de la experiencia personal: la necesidad de tener una confirmación de la experiencia se manifiesta a través del deseo de estar en presencia de alguien que es similar, que entiende porque él o ella han tenido experiencias parecidas y cuya experiencia compartida sirve de confirmación. La sintonía se proporciona mediante la evaluación del terapeuta de la necesidad de confirmación, revelando de forma cuidadosa experiencias personales seleccionadas -compartiendo la vulnerabilidad de forma cuidadosa (poner ejemplos, focalizados en el cliente)- o sentimientos y fantasías similares, y estando presente de forma personal y vital.

Por ejemplo, la afirmación de la experiencia del cliente puede incluir que el terapeuta se incorpore o valore las fantasías del mismo. En vez de definir la historia interna del cliente diciendo que es “sólo una fantasía”, es esencial comprometerlo en la expresión de necesidades, esperanzas, conflictos relacionales y estrategias de protección que puedan constituir el núcleo de las fantasías. La sintonía con la necesidad de afirmación de la experiencia puede ser lograda por el terapeuta aceptando todo lo dicho por el cliente, incluso cuando fantasía y realidad aparecen entremezcladas, algo muy parecido al relato de un sueño que revela procesos intrapsíquicos. Las imágenes de fantasía o los símbolos poseen un significado intrapsíquico y una función interpersonal. Cuando se reconoce, aprecia y evalúa la función de la fantasía, la persona se siente afirmada en su experiencia.

El cliente que necesita una confirmación de la experiencia personal precisa únicamente una respuesta diferente y recíproca, distinta de quien necesita validación de sus afectos o de aquel que precisa ser aceptado por otra persona protectora y de la que pueda depender. En ninguna de las dos últimas necesidades relacionales, el compartir una experiencia personal o el crear una atmósfera de reciprocidad, será una respuesta sintónica con las necesidades del cliente.

5.      Autodefinición: Se define como la necesidad  relacional de conocer  y expresar la propia unicidad y recibir reconocimiento y aceptación por parte del otro. La autodefinición es la comunicación de la identidad elegida por uno mismo mediante la expresión de preferencias, intereses e ideas sin humillación o rechazo.

En ausencia de un reconocimiento y aceptación satisfactorios, la expresión de autodefinición puede tomar inconscientemente formas adversas, tales como las observadas en las personas que empiezan sus frases con “No,...” incluso cuando están de acuerdo o se enzarzan de forma constante en discusiones o competiciones. La gente compite a menudo para definirse a sí mismo como diferente de los otros para mantener un sentido de su propia integridad. Cuanto más parecida es la gente, mayor es la presion que les lleva a una competición por la autodefinición.

La sintonía terapéutica tiene lugar en el apoyo consistente del terapeuta a la expresión de la identidad del cliente y su normalización de la necesidad de autodefinición. Esto requiere la presencia consistente del terapeuta, su capacidad de contacto y respeto incluso frente a la existencia de desacuerdos.

6.      Necesidad de hacer impacto en otra persona: Con la palabra impacto nos referimos a tener una influencia que afecte al otro en alguna forma deseada. Una sensación personal de ser competente en la relación emerge de la destreza y la eficacia, en atraer el interés y la atención del otro, e  influenciando lo que pueda ser de interés para la otra persona y produciendo un cambio de afecto o comportamiento en el otro.

La sintonía con esta necesidad de impacto en el cliente tiene lugar cuando el psicoterapeuta se permite ser impactado por el cliente y responder con compasión cuando el cliente está triste, proporcionar  seguridad afectiva cuando el cliente está asustado, tomar en serio al cliente cuando él o ella está enfadado y excitarse cuando éste está contento. La sintonía puede incluir solicitar la crítica del cliente sobre el comportamiento del terapeuta y efectuar los cambios necesarios, de forma que éste sienta que ejerce un impacto dentro de la relación terapéutica.

7.      Necesidad de que el otro tome la iniciativa: La iniciación se refiere al ímpetu para entablar contacto interpersonal con otra persona. Es el abrirse al otro de tal forma que reconozca y valide la importancia de él o ella en la relación.

El psicoterapeuta puede estar sujeto a una contratransferencia teorícamente  inducida cuando él o ella aplica de forma universal los conceptos metodológicos de la no gratificación, el rescate o la autoresponsabilidad. Mientras se espera a que el cliente se haga cargo del inicio, el psicoterapeuta puede no estar teniendo en cuenta el hecho de que algunos comportamientos que parecen ser pasivos pueden ser de hecho una expresión de una necesidad relacional  que el otro tome la iniciativa y se aproxime a él o ella.

Para responder a la necesidad del cliente puede que sea necesario para el terapeuta el iniciar un diálogo, mover su silla y sentarse cerca de él o hacer una llamada telefónica al cliente entre las diferentes sesiones. El deseo del terapeuta para iniciar un contacto interpersonal o asumir una responsabilidad por una cuota mayor del trabajo terapéutico normaliza la necesidad de relación del cliente de tener a alguien que se aproxime a él.

8.      Necesidad de expresar amor: El amor se expresa a menudo mediante una gratitud callada, agradecimiento, dando afecto o haciendo algo por otra persona. La importancia de la necesidad de relación de dar amor –bien sea de los niños a los padres, hermanos o profesor, o de un cliente a un terapeuta– se pasa a menudo por alto en la práctica de la Psicoterapia. Cuando se obstruye la expresión del amor se frustra la expresión del yo-dentro-de-la- relación. Muy a menudo los psicoterapeutas han tratado las expresiones de afecto de los clientes como una manipulación, transferencia o violación de la frontera d neutralidad terapeútica.

Aquellos clientes para los cuales la ausencia de satisfacción de las necesidades relacionales es acumulativa, requerirán una consistente y "dependible" sintonía e implicación por parte del terapeuta, que aporte reconocimiento, validación, y normalización de las necesidades relacionales y los afectos relacionados con todo ello.

IMPLICACIÓN

La implicación terapéutica incluye el reconocimiento, la validación, la normalización y la presencia; y disminuye los procesos defensivos internos. El reconocimiento del cliente por parte del terapeuta empieza con la sintonía con sus afectos, sus necesidades relacionales, ritmo y nivel evolutivo de funcionamiento. A través de la sensibilidad hacia las necesidades relacionales o expresiones fisiológicas de las emociones, el terapeuta puede guiar al cliente para que se haga consciente y exprese necesidades y sentimientos o reconozca que los sentimientos o las sensaciones físicas pueden ser a veces  las memorias  de situaciónes y ser esta la única forma en que pueden ser recordadas y/o estar disponibles-. En muchos casos de fracasos de relaciones no fueron reconocidas las necesidades relacionales de la persona o sus sentimientos y puede ser necesario en Psicoterapia ayudar a la persona a incrementar su vocabulario y a aprender a expresar oralmente esos sentimientos y necesidades. El reconocimiento de las sensaciones físicas, las necesidades relacionales y los afectos, ayuda al cliente a plasmar su propia experiencia fenomenológica. Eso incluye a un otro receptivo que conoce y comunica acerca de la existencia movimientos no verbales, tensionado de músculos, afectos o incluso fantasías.

De manera ocasional y elegido de forma selectiva, las confrontaciones con consideración y afecto son también parte del reconocimiento. La confrontación es una aseveración o pregunta utilizada por el terapeuta para introducir en la conciencia del cliente una discrepancia entre sus percepciones y comportamientos o entre creencias de guión y acontecimientos reales (Erskine 1982b; 1991 b). El objetivo de la confrontación es, tanto para el cliente como para el terapeuta, el reconocer la existencia y luego el significado de comportamientos, interrupciones del contacto  o creencias de guión. La utilidad de la confrontación está relacionada con el descubrimiento psicológico por parte del cliente de la función psicológica del comportamiento o reacción defensiva y la validación del terapeuta de su significación arcaica. Las confrontaciones sólo son efectivas si se hacen de forma respetuosa y sin humillación de forma que el cliente experimente que su bienestar está siendo potenciado.

Puede haber habido ocasiones en la vida de un cliente en las que los sentimientos o necesidades relacionales fueron reconocidos pero no validados. La validación comunica al cliente que sus afectos, defensas, sensaciones físicas o patrones de conducta están relacionados con algo significativo en su experiencia. La validación establece un vínculo entre la causa y el efecto, valora la idiosincrasia individual y la forma de ser en la relación.Asi mismo disminuye la posibilidad de que el cliente desapruebe o niegue internamente la significación del afecto, de las sensaciones físicas, la memoria o los sueños.Por último, apoya al cliente en la valoración de su experiencia fenomenológica y su comunicación transferencial de la relación, terapeuticamente  necesitada, incrementando por lo tanto su autoestima.

El propósito  de normalización es  el cambio de la forma en que los clientes u otros puedan categorizar o definir su experiencia interna, o sus tentativas conductuales desde la patología como la perspectiva de que "algo anda mal en mi", hacia una perspectiva que respete el intento arcaico de resolución de problemas. Puede ser esencial para el terapeuta oponerse a mensajes sociales o de los padres tales como “Eres un estúpido por estar asustado” con “Cualquiera estaría asustado en una situación así”. Muchos flashbacks, fantasías rocambolescas, pesadillas, así como mucha confusión, pánico y estados defensivos son normales cuando se tienen que afrontar fenómenos en situaciones anormales. Es imperativo que el terapeuta comunique que la experiencia del cliente es una reacción defensiva normal, la reacción que mucha gente tendría si se encontraran en la vida con experiencias similares.

Se proporciona la presencia mediante unas respuestas sostenidas y en sintonia  del psicoterapeuta a las expresiones verbales y no verbales del cliente. Tiene lugar cuando el comportamiento y la comunicación del psicoterapeuta respeta y potencia  en todo momento la integridad del cliente. La presencia incluye la receptividad del terapeuta a los afectos del cliente, para ser impactado por sus emociones, conmovido y aún así permanecer con capacidad de reaccionar al impacto de las emociones y no convertirse en alguien ansioso, deprimido o enfadado. La presencia es una expresión del contacto pleno interno y externo del psicoterapeuta. Comunica la responsabilidad, fiabilidad y posibilidad de dependencia en el  psicoterapeuta. Mediante la presencia plena del terapeuta, se trace el potencial transformador de una Psicoterapia orientada a las relaciones es posible. La presencia describe al terapeuta proporcionando una conexión interpersonal segura; más que mera comunicación verbal, la presencia es una comunión entre el cliente y el terapeuta.

La presencia es potenciada cuando el terapeuta se descentra de sus propias necesidades, sentimientos, fantasías y esperanzas y en vez de eso las centra en el proceso del cliente. La presencia también incluye lo opuesto de la descentración; esto es, el estar plenamente en contacto con sus propios procesos internos y reacciones. La historia del terapeuta, sus necesidades relacionales, sensibilidades, teorías, experiencia profesional, la propia Psicoterapia y sus intereses de lectura; todo conforma las reacciones únicas del cliente. La presencia implica tanto el aportar ello riquezas de las experiencias del terapeuta a la relación terapéutica, como el descentrarse de sí mismo por parte del terapeuta y centrarse en el proceso del cliente.

La presencia incluye también el permitirse a uno mismo ser manipulado "esculpido" por el cliente y proporcionarle así un camino de autoexpresión. Como psicoterapeutas efectivos se juega con nosotros y nos convertimos de forma genuina en la arcilla que es moldeada y configurada por el cliente para encajar en la expresión de su mundo intrapsíquico hacia la creación de un nuevo sentido de sí mismo y de uno mismo dentro de la relación (Winnicott, 1965).

La implicación del terapeuta mediante las transacciones que reconocen, validan y normalizan la experiencia fenomenológica del cliente, su sistema de organización y su

integridad; ofrece el antídoto contra la toxicidad de quitar valor a la existencia , al significado o a la responsabilidad de resolver las alteraciones del contacto en la relación. La presencia armonizada y segura del terapeuta se opone a la desconfianza del cliente en su propio valor (Erskine, 1994).

YUXTAPOSICIÓN

El psicoterapeuta que está implicado y responde a la relación terapeuticamente necesitada puede estimular una reacción en el cliente hacia la yuxtaposición entre el contacto en sintonía ofrecido por el terapeuta y las memorias emocionales de pérdida de sintonías previas (Erskine, 1991ª; 1993). La yuxtaposición se produce en contraste entre lo que se proporciona en la terapia, como la respuesta en sintonía y recíprocidad de la relación terapéutica, y lo que previamente se necesitaba y anhelaba y no se experimentó. La relación terapeútica representa un reto frente al sistema de guión del cliente y a la homeostasis psicológica (Bary & Hufford, 1990). La yuxtaposición estimula las memorias emocionales, que el cliente puede intentar eliminar de la conciencia. A menudo la yuxtaposición se manifiesta rechazando al terapeuta después de un encuentro cercano, encontrando fallos en el terapeuta por centrarse en la “necesidad” del cliente, ó llegando tarde o cancelando una sesión seguida de  una en la que el cliente se permitió a sí mismo depender de la reciprocidad afectiva del terapeuta o de su talante acogedor ante las necesidades relacionales.

Tal reacción hacia la yuxtaposición entre la implicación en sintonía del terapeuta y los recuerdos emocionales del cliente, puede indicar que el psicoterapeuta está llevando la terapia más rápido de lo que el cliente puede integrar en su experiencia. En casos de abusos físicos o sexuales o en el trauma acumulado por una falta prolongada de sintonía prolongada con respecto al afecto y las necesidades de relaciones, las reacciones del cliente con respecto a la yuxtaposición pueden indicar que la intensidad de la implicación terapéutica es demasiado grande y no permite la existencia de una sensación de seguridad. La reacción de yuxtaposición tiene lugar cuando el sistema defensivo o de afrontamiento del cliente está relajado y las funciones de autoprotección se transfieren a la relación terapéutica más rápido de lo que permite el sistema homeostático.

La implicación sensitiva del terapeuta está en un ajuste continuo con respecto a la sintonía rítmica y afectiva, la calidad de las respuestas a las necesidades relacionales y un respeto por la función homeostática del estilo de afrontamiento y del cliente y de su integridad.

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