Mensajes de texto e Internet, nuevas armas de ataques entre los chicos

Burlas, insultos y mensajes descalificantes virtuales crecen entre los estudiantes. Las nuevas formas de violencia se instalan como un reflejo de la sociedad.

Zulema Usach - zusach@losandes.com.ar

Las imágenes aparecen en la pantalla del televisor sin pausa. Un grupo de enanos es expuesto en ridículo mientras de fondo se escucha la voz de un locutor con tono burlón. Entonces, con sólo presionar una tecla del control remoto, la mirada de Lucas (12) queda perpleja ante la noticia del asesinato de un joven de 19 años en Luján de Cuyo, que fue muerto de un balazo en la cabeza. 

En cuestión de segundos, las voces salidas de la TV quedan silenciadas entre los gritos de una feroz pelea entre papá y mamá que no dejan de insultarse. La mañana siguiente, no le ofrece a Lucas algo muy diferente: un altercado entre compañeros a la salida de clases dejó a su mejor amigo con un ojo morado. 

Que la violencia en todas sus formas es un patrón que se aprende y retroalimenta dentro y fuera de los hogares mendocinos a cada instante, es para los especialistas un hecho. En el centro de la escena, la escuela aparece como un ?espejo' de esta realidad que adquiere nuevas formas de manifestarse a medida de que la tecnología avanza. 

Así, los ataques, insultos y frases descalificantes ampliaron su escenario hacia la web (con textos e imágenes) y en mensajes de texto. De hecho, una investigación realizada este año a nivel nacional por el Observatorio de Violencia Escolar de la Universidad Católica Argentina (UCA), indica que 30% de los chicos recibió burlas por estos medios mientras que un 20% reconoció hacerlo.

Estos datos surgidos de la encuesta incluyen a 5 mil chicos de 9 a 18 años; la mayoría de Mendoza. Hacia fin de año, la meta es llegar con una muestra de 25 mil niños y adolescentes. Las cifras son más que elocuentes, pues de los estudios se refleja que la violencia ejercida en forma de hostigamiento es mucho más frecuente que la física. 

Tal panorama quedó plasmado en el estudio destinado a medir el clima social en la escuela, efectuado por el mismo observatorio -dirigido por el mendocino Alejandro Castro Santander- entre 2006 y 2007. En esa oportunidad, las conclusiones arrojaron que uno de cada 4 chicos dijo tenerle miedo a su compañero.
 
En 57% de los casos (6 mil en total y 1.800 de Mendoza) los estudiantes manifestaron haber sido víctimas de violencia indirecta (insultos, descalificación, bromas de mal gusto). De ellos, 46% la sufrió a veces y 11% remarcó padecerla siempre. 

El acoso escolar o bullying es más frecuente en la pubertad y la adolescencia, mientras que los más chicos manifiestan la agresión de forma física, con golpes. Entre los motivos de las burlas más frecuentes figuran las características físicas, (como la estatura o el color de piel) y la personalidad del chico. 

"La violencia es una conducta que se aprende e involucra contextos complejos en los que influye la familia y el consumo de las nuevas tecnologías", explicó Castro Santander. 

Así, la familia junto a la escuela son dos motores necesarios para revertir la problemática o bien para acentuarla. "Es necesario un pacto social entre ambos núcleos de contención y a la vez construir un proyecto educativo e institucional para recuperar la confianza mutua", agregó el especialista.

En esta línea, la correcta implementación de normas de convivencia constituyen un paso fundamental. Desde la DGE dicen apostar a la capacitación a docentes y padres a través de talleres para comenzar a trabajar en la concientización. Sin embargo, los hechos muestran que aún queda un largo camino por recorrer. 

Ejemplos sobran: uno de ellos fueron las imágenes difundidas en un video de You Tube en agosto pasado, donde un grupo de alumnos de la escuela Pablo Nogués agrede a uno de sus compañeros. 

De acuerdo a los últimos seguimientos que llevó adelante Santander, "el perfil de la víctima no responde a un solo modelo, pero en general el agresor elige al chico que aparenta ser más débil". Del mismo modo, aparece la figura de la "víctima provocativa", es decir, el niño o adolescente que se transforma en el centro de las críticas por tener características de líder. 

En el Gabinete Psicopedagógico del Normal Tomás Godoy Cruz, las quejas de los padres de chicos que son hostigados cada vez es más frecuentes. "Los alumnos más destacados son los que terminan siendo los más maltratados y esto es la antesala para conductas realmente violentas", aseguró Amalia Vergara, directora de la escuela.

Fuera del colegio, las agresiones entre compañeros son cotidianas y no sólo ocurren en el plano virtual. Docentes y directivos coinciden en que muchas veces los estudiantes de años más avanzados también ?solucionan' sus altercados con piñas, empujones y patadas entre los bandos a la salida de clase. 

Incluso, en algunos casos, los preceptores deben llamar a la policía. "Cuando tenemos noticias de que algo va a pasar, estamos muy atentos", explicó Marta Besso, regente de la escuela Capitán Vázquez (Guaymallén). 

Más allá de la formas, para Benito Parés, doctor en psicología y especialista en psicología social, la violencia es adquirida a partir de ejemplos cotidianos de los mayores. Ellos cumplen un rol fundamental al momento de modelar las conductas de los más chicos. "Las responsabilidades son compartidas, desde el padre que debe apagar la televisión en el momento debido hasta el Estado que tiene que educar adecuadamente", agregó Parés. 

Las secuelas de la exposición

La presión psicológica a la que está sometido el adolescente víctima de acoso no pasa desapercibida en la formación de su personalidad. Así, la humillación pública vía Internet puede tener consecuencias físicas y psicológicas que se manifiestan a corto y largo plazo. 

Según explicó Juan Reboredo, psiquiatra infanto- juvenil es justamente esta etapa de la vida donde el chico se encuentra en plena formación de su personalidad y necesita identificarse con su grupo de pares.

En este sentido, algunas señales son bajo rendimiento escolar, fobias, rechazo a asistir a clase, depresión, ansiedad y trastornos psicosomáticos.

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