Trastorno Disfórico Premenstrual: ¿intención fallida?

El futuro DSM-V contempla otro nuevo diagnóstico: el trastorno Disfórico Premenstrual, estableciendo una vez más una visión transversal y descriptiva de un estado más que de un trastorno longitudinal y mantenido en el tiempo.
El problema de los sistemas de clasificación más usados en nuestros días, como el DSM, es que pretenden convertirse, si es que ya no lo son, en la guía plena del diagnóstico de todas las enfermedades mentales y emocionales, apartando una visión fenomenológica del hombre y promoviendo un punto de vista estrictamente médico en términos de síndromes a partir de síntomas.
Como en muy pocas ocasiones podemos determinar diagnósticos a partir de signos clínicos como en la medicina clásica, salvo en aquellas entidades con un claro origen orgánico (Las enfermedades mentales, propiamente dichas), no debemos olvidar que una aproximación más global del ser humano implica una visión integral, que envuelve aspectos biopsicosociales donde el ser, como ente individual y colectivo, es lo suficientemente amplio y en ocasiones "poco cientifico" para valorar.
No olvidemos que aún no tenemos herramientas para valorar cosas como el amor, el odio, incluso el deseo.
Por tanto, utilicemos los manuales de clasificación nosológica para lo que están hechos, no para lo que pretenden; esto es, que nos sirvan de guía, pero no de contenido exacto de nuestras patologías. Recordemos que el DSM se creó como una forma de que las compañías aseguradoras pudieran amarrar más claramente los diagnósticos y para que los profesionales de la salud mental sigamos una categorización que se adapta a un medio muchas veces distinto al que pertenecemos.
En mi práctica clínica habitual, los pacientes son más que un diagnóstico recogido en un manual de clasificación diagnóstica: son entes humanos, diferenciados e intransferibles, aunque compartan elementos con otros.
El llamado Trastorno Disfórico Premenstrual huele a "neurosis americana"; otra más.

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