viernes, diciembre 29, 2006

Ocio infantil. Malos hábitos, padres ausentes

Ocio infantil. Malos hábitos, padres ausentes
POR MIGUEL ÁNGEL BARROSO
El parque, las chapas, las canicas y el bocadillo han sido sustituidos por el centro comercial, los videojuegos, la televisión y la hamburguesa. Los niños del primer escenario son los padres del segundo. Los tiempos modernos (ambos progenitores trabajan fuera de casa) o la comodidad han provocado la «dimisión» de algunos, no sólo como responsables de la educación de sus hijos, sino como compañeros de ocio. Los suplentes de los padres juegan más.
Hay chavales que pasan más tiempo en compañía del «canguro catódico» que de amigos y familiares. Estudios de la Academia de las Ciencias y de las Artes de Televisión (ATV) señalan que los niños de 4 a 12 años dedican una media de 2 horas y 42 minutos a esta actividad. El problema, en cambio, no es tanto el tiempo de exposición -aunque esas dos horas y media largas son una buena marca-como a qué están expuestos: en los horarios en los que debería haber mayor consumo infantil las cadenas están inundadas de programas «rosa» donde se cuentan las andanzas de personajes que no son, precisamente, un modelo a seguir. Y la franja nocturna aún es menos recomendable.
Pegados a la caja tonta
En realidad, los niños no son un «target» rentable para los directivos y programadores de los diferentes canales de televisión, así que la oferta para ellos no es abundante. Durante las fiestas navideñas se produce la excepción, porque la publicidad de juguetes deja pingües beneficios. Según datos de la ATV, los chicos pasan al año el equivalente a 23 días del curso escolar siguiendo sus programas favoritos -dirigidos en su mayoría al público adulto-. Ven un promedio diario de 40 minutos de televisión en horario «prime time» (de 21 a 24 horas). Presencian unos dos mil actos violentos al año en la pequeña pantalla. A los 15 años un chaval ha pasado ya 17 meses de su vida pegado a la «tele». Uno de cada tres menores tiene este electrodoméstico en su habitación, y el 62 por 100 no está vigilado por sus progenitores cuando lo usa (sorprendentemente, la mitad de los padres cree que sus hijos ven poco o muy poco la televisión).
Centro comercial, todo en uno
«Cuando tratamos a chicos de 14 ó 15 años con obesidad y conductas agresivas muchas veces tenemos la impresión de haber llegado tarde», comenta Alberto López, director técnico de atención primaria del Área 9 de la Comunidad de Madrid, un experto en orientación de pautas de relación entre padres e hijos. «El abuso del ocio pasivo, solitario, con la consola y la televisión como únicos compañeros, es muy perjudicial. Además, este tipo de divertimiento está ligado a una alimentación poco sana».
La alternativa más común a ese «ocio en soledad» es el centro comercial, el sanctasanctórum para los adolescentes. Allí tienen cubiertas todas sus necesidades: boleras, recreativos, establecimientos de chucherías y comida rápida, cines... «La industria que vende hábitos de ocio y consumo es más poderosa que el padre más atento. ¿Qué hacer ante este bombardeo?», se pregunta Gonzalo Morandé, jefe de la sección de Psiquiatría del Hospital Infantil Niño Jesús de Madrid. «Los centros comerciales no son malos per se; lo malo es que los chicos acudan solos. Los adultos deben acompañarlos, involucrarse en sus juegos (¿por qué no echar una partida de bolos juntos?) y ampliar la distancia según pasen los años, porque tampoco es bueno que un adolescente viva bajo vigilancia estricta. Es más conveniente inculcarle el sentido de la responsabilidad».
Campañas complementarias
El doctor Morandé destaca positivamente las campañas que llegan desde diversas instituciones alertando sobre los malos hábitos entre los escolares, pero no como sermones de los poderes públicos, sino como complemento de una tarea educativa que debe recaer, principalmente, en los padres. «La moda de estos mensajes empezó en Estados Unidos. La instauración de costumbres saludables no debe centrarse sólo en los enfermos, sino en toda la población. Sin embargo, no podemos delegar la educación de nuestros hijos en el colegio o en un ministerio. A un ministro o a un profesor no les toca decir a los niños que se vayan pronto a la cama, o que tal producto o programa de televisión no les conviene. Por desgracia, hay personas que renuncian a cumplir el papel de adultos».
El Ministerio de Sanidad presentó esta semana una campaña para orientar a los padres en la elección de videojuegos adecuados para sus hijos y anunció que se distribuirán más de medio millón de folletos divulgativos con un decálogo de consejos. La información estará a mano en los puntos de venta de las grandes superficies y en tiendas especializadas. La ministra de Sanidad, Elena Salgado, que parece haberse erigido en adalid contra los vicios mayores y menores de los españoles, dijo que los videojuegos no son sólo un juguete, sino un vehículo de entendimiento, imaginación, educación y creatividad. Familiarizan a los niños con las nuevas tecnologías, pero tienen el inconveniente de que no favorecen el ejercicio físico. Salgado afirmó que «no hay que criminalizar los videojuegos, aunque pueden tener algunos riesgos», por lo que pidió a los padres cautela a la hora de comprarlos.
La realidad, reconocida por los propios protagonistas, es que los padres tienen poco tiempo para sus hijos, hasta el punto de producirse extremos como el de esos «niños llave» que salen del colegio y van solos a casa, donde más o menos se «buscan la vida». Una organización familiar un tanto arriesgada. «Por suerte están surgiendo nuevas formas de solidaridad entre los adultos», señala el psiquiatra Gonzalo Morandé. «Se relevan en la tarea de recoger a los pequeños, o de recibirlos en el patio común de las viviendas. Entre los padres primerizos hay cierta tendencia a tomárselo en serio, con mayor nivel de exigencia».
«Cuidar más significa, a veces, malcriar -añade el especialista en atención primaria Alberto López-; gastarse un dineral en juguetes no es lo más importante, sino compartir los momentos de esparcimiento. Y procurar restarle tiempo a la consola y a la televisión para dárselo a las actividades al aire libre, al deporte, a la naturaleza». La función de estos técnicos es elaborar protocolos, desde los aspectos puramente médicos -revisiones, vacunas, etcétera- hasta las pautas de relación -diversión, respeto, autodefensa, canalizar la frustración-. «El ocio infantil no es un asunto menor, no es algo que los adultos puedan sortear sin que se produzcan consecuencias negativas». Los titulares no deberían dejarse comer el terreno por los suplentes.

1 comentario:

Jacqueline dijo...

Hola, te escribo desde Chile acá va en aumento lo de los niños de LLave..Soy Trabajadora Social y quiero hacer un estudio de investigación al respecto, es por ello que te quiero consultar si tu tienes bibliografía al respecto o guiarme en donde encontrar dicha información.

Muchas Gracias Jacqueline martinez Torres..
jackymartinez.as@gmail.com

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